


La colaboración entre cocineros, nutricionistas, científicos de los alimentos y otros profesionales del conocimiento contribuye al desarrollo de una gastronomía consciente que respeta la naturaleza de los ingredientes y su valor nutricional. Mediante el uso de técnicas culinarias adecuadas, el cuidado en la conservación de los alimentos y el respeto a las cadenas de frío, se busca preservar la calidad y pureza de los productos. De este modo, se logran platos que no solo deleitan el paladar, sino que también favorecen el bienestar y promueven una alimentación equilibrada.
La gastronomía saludable se fundamenta en el uso de ingredientes frescos, locales y de temporada, provenientes del territorio y tratados con respeto desde su origen hasta su llegada al plato. Al privilegiar productos naturales y combinaciones equilibradas de alimentos, se fomenta una cocina que nutre, celebra la identidad culinaria del entorno y fortalece la sostenibilidad del sistema alimentario. Asimismo, se apoya la producción nacional y se promueve una relación más consciente entre gastronomía, territorio y salud.

Se promueve la alimentación como una experiencia de encuentro, identidad y equidad, garantizando que sus beneficios alcancen de manera justa a todos los actores de la cadena gastronómica.
Se impulsa el apoyo directo a agricultores y productores locales, asegurando su sustento, visibilidad y acceso a mercados, así como la disponibilidad constante de ingredientes de alta calidad.

Se impulsan prácticas culinarias responsables que honran los ecosistemas, a los productores y a las tradiciones locales, reconociendo que la sostenibilidad también implica preservar la identidad gastronómica de cada territorio. La cocina se concibe como un puente entre naturaleza, cultura y comunidad, asegurando un equilibrio entre desarrollo gastronómico, conservación ambiental y continuidad de los saberes culinarios que forman parte del patrimonio cultural. Turismo gastronómico sostenible: La gastronomía se concibe como un producto turístico sostenible, capaz de generar valor y bienestar a lo largo de toda la cadena productiva, desde el origen hasta la experiencia del visitante. En este proceso, se promueve una oferta culinaria auténtica que respeta los productos del territorio, fortalece las economías locales y preserva la identidad gastronómica como un elemento esencial de la cultura y del atractivo turístico del destino.

Se concibe la alimentación como una experiencia placentera, sabrosa y satisfactoria, donde el disfrute de comer convive en armonía con la salud y la calidad de vida. La gastronomía invita a comer de manera responsable y con moderación, valorando la calidad de los alimentos, el equilibrio en las porciones y el placer consciente de la mesa. De esta manera, se promueven hábitos alimentarios que permiten disfrutar plenamente de la comida, integrando sabor, bienestar y cultura gastronómica.
En torno a la mesa se crean espacios de diálogo, intercambio y convivencia donde las diferencias se reconocen y los vínculos se fortalecen. Comer juntos trasciende la necesidad biológica: es un gesto cultural que construye comunidad, identidad y pertenencia. Desde la hospitalidad hasta el ritual cotidiano de compartir alimentos, la cocina funciona como un lenguaje común capaz de unir generaciones, culturas y territorios.
La Guía Gastronómica Dominicana se construye sobre una visión clara: una gastronomía que no solo se disfruta, sino que también genera valor para el país, protege su origen y fortalece a quienes la hacen posible. En línea con el enfoque de las “5 eses” promovido por la Academia Iberoamericana de Gastronomía en el Manifiesto de la Nueva Gastronomía del Siglo XXI, nuestra propuesta de valor está basada en: Una gastronomía Sostenible, Saludable, Solidaria y Satisfactoria.
Elegimos alimentos que nutren.
Crecemos juntos con quienes producen y cocinan.
Cuidamos el origen y el territorio.
El placer importa, pero con sentido y calidad.
La mesa, espacio de encuentro y convivencia